lunes, 10 de junio de 2013

Impaciente Aprendizaje


 Al terminar el kínder. Le pedí  a mi papá que me comprara una bicicleta, puesto que con el triciclo que yo tenía no podía participar en las competencias que realizaban mis vecinos. Al día siguiente fuimos al centro a comprarla. Recuerdo que habían muchas bicicletas, de distintos precios, tamaños y colores.
Mi papá me dejó elegir la que yo quisiera. Después de unos minutos logre escoger la que más me había gustado. Mi papá pago, cargo la bicicleta y nos fuimos de ese lugar. Caminamos al estacionamiento donde mi papá había dejado el  carro. Abrió la cajuela y la metió.
Yo estaba ansioso por llegar a casa. Después de 40 minutos llegamos a nuestro destino. De inmediato bajamos la bicicleta de la cajuela. Mi papá le puso los pedales. Todo estaba listo. Solo que había un pequeño problema, no la sabía manejar. Yo pensaba que era lo mismo que un triciclo.
Después de dos raspones en la rodilla, uno en el brazo y otro en la mano estaba a punto de rendirme. Yo ya no quería la bicicleta, mi triciclo era lento pero él no me tiraba ni mucho menos me hacía raspones. Lo seguí intentando, hasta que perdí el control de la bicicleta me caí y me lastime el brazo. Fui al doctor y me lo tuvieron que enyesar, estuve un mes y medio sin poder moverlo. Sin triciclo y sin bicicleta.
No podía salir a jugar. Desde la ventana veía como mis vecinos competían, eso me ponía más triste. Después de que me quitaron el yeso pude volver a intentarlo, esta vez trataría de hacerlo con calma. Ya que era mejor tardarme un par de horas más a que me volviera a pasar lo mismo.
Cuando pude manejar la bicicleta sin ningún error, dábamos vueltas en caravanas de 18 o 20 bicicletas, paseábamos por toda la colonia y pasábamos por donde los perros te correteaban, se sentía una gran adrenalina porque pedaleabá a gran velocidad, pasábamos diario por donde estaban los perros y lo dejamos de hacer cuando un perro mordió la pierna de un niño.
Un día fui a jugar al parque en mi bicicleta. La descuide por un momento, me subí a los columpios y la bicicleta desapareció, me la habían robado. Fue una mala noticia, pero me quede con los buenos momentos que había vivido en ella.








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