lunes, 24 de junio de 2013

Viaje de graduación

Viaje de graduación

En el último año de preparatoria mis amigos organizaron un viaje a Acapulco, al cual fui invitado. No lo pensé dos veces y  en ese instante les dije que sí. Llegando a casa, le comente a mi mamá acerca del viaje. Ella me dijo que no. Yo insistí y me dijo: “Si quieres ir, tendrás que ganártelo”.  
 
Sabía que para poder ganarme ese viaje me costaría mucho trabajo. Ya que tener contenta a mi mamá no sería fácil. Las cosas iban marchando bien. Hasta que mi profesor de ingles me informo que no había aprobado la materia, que debía presentar un examen extraordinario. En ese momento di por pedido el permiso. Debía buscar la manera de cómo explicarle las cosas a mi mamá. Después de pensar  mas de una hora, encontré la manera adecuada de decírselo.
 
Le dije lo que había ocurrido y lo primero que me dijo fue: “te vas olvidando de ese viajecito, y vas a ver como te va si no pasas esa materia”. En ese momento no quise negociar nada por que sabia que era mas grande su enojo que cualquier explicación que yo pudiera darle. Deje que pasaran dos días. El enojo ya se le había pasado y decidí negociar. El acuerdo fue que si  sacaba 9 en el examen tendría el permiso. Al fin de cuentas, no tenia nada que perder, pero si mucho que ganar.
 
La reservación del hotel  estaba hecha para el 29 de junio, misma fecha en la que realizaría mi examen. Todos se fueron el 28 en la noche, para poder amanecer en Acapulco y así pudieran aprovechar todo el día. Pero mi amiga Alejandra decidió esperarme,  para que saliendo del examen, los alcanzáramos.

Les dije a mis amigos que no era seguro que yo fuera,  porque necesitaba sacar un 9,  y que la verdad lo veía difícil.  El examen era a las 8 am, deje mi maleta preparada  por si acaso surgía algún milagro. Fui el primero en responder el examen  y de inmediato el profesor lo calificó, me lo entregó y había sacado 9.2. Mi amiga me estaba esperando afuera del salón, puse una cara de tristeza y le dije: “ Alejandra saque 7.2, ya no iré pero te acompaño a la terminal de autobuses”. Ella se puso triste. Cuando salimos de la escuela le mostré mi examen, y vio mi calificación, ella grito de felicidad. En ese momento fuimos a mi casa por mi maleta, le enseñe el examen a mi mama, y nos llevo a la terminal de autobuses. En el momento que llegue  a Acapulco empezó una aventura que jamás olvidare y termino el día que regrese a la ciudad. 

domingo, 16 de junio de 2013

Campamento inolvidable

                    Campamento inolvidable

 En el mes de junio, la escuela  organizaba un campamento  para los alumnos que cursaban el sexto año de primaria. En  esta ocasión a mi generación le tocaba ir. Sinceramente yo esperaba ese momento con mucha emoción puesto que las generaciones pasadas relataban lo mucho que se divertían  y lo bien que la pasaban.
Un par de meses antes, se organizo una junta para informarles  a los papás en que consistía este campamento, los precios, la fecha  en el que este se realizaría y algunos puntos importantes.
El campamento se realizaría  el 9 de junio del 2006. Una semana antes, yo ya tenía mi maleta preparada. Después de una ansiosa espera, el día llego. La cita era en la escuela, a las 8 de la mañana. Yo llegué a las 7:30, le di mi maleta al chófer para que  la subiera al autobús. Eran las 8:15 y mi amigo Adrián no llegaba, pero después de 10 minutos llegó. Y así el autobús pudo emprender su camino.
Después de tres horas llegamos a nuestro destino, bajaron las maletas y nos llevaron a los dormitorios para que dejáramos nuestras cosas.  Nos llevaron al comedor para que desayunáramos y así pudiera empezar el campamento.
El campamento empezó dando un recorrido, para que conociéramos el lugar y nos platicaran un poco de todas las actividades que realizaríamos. Se organizo una junta donde nos explicaron las reglas que debíamos acatar y que si las desobedecíamos, en ese mismo instante nos regresarían a nuestras casas. Esto sirvió para que nos portáramos bien y no hiciéramos relajo.
El viernes por la noche hicimos una fogata y quemamos bombones. Uno de los encargados  tocaba la guitarra y cantaba canciones, eso amenizaba el momento. Pero en ese instante empezó a llover. Se arruino la noche. Corrimos a los dormitorios, todos estábamos tristes por que se había arruinado ese momento pero los encargados nos animaban diciéndonos que se había arruinado la noche, pero no el campamento, que era hora de dormir por que el sábado nos esperaría un gran día.
Nos despertaron a las 8 de la mañana, nos metimos a bañar, nos vestimos y nos fuimos a desayunar. Las actividades empezaron a las 10 de la mañana, realizamos dos actividades en las que me divertí mucho. Regresamos a los dormitorios para que nos pusiéramos nuestro traje de baño, para que pudiéramos realizar las actividades en la alberca.
El domingo nos regresamos a la escuela. Al llegar, mis papás me estaban esperando, y me recibieron con un fuerte abrazo. Mi papá cargo mi maleta, nos subimos al carro y nos fuimos a la casa. Al día siguiente, en la escuela le contábamos a las generaciones mas pequeñas lo bien que no la habíamos pasado.

     
   



  






lunes, 10 de junio de 2013

Impaciente Aprendizaje


 Al terminar el kínder. Le pedí  a mi papá que me comprara una bicicleta, puesto que con el triciclo que yo tenía no podía participar en las competencias que realizaban mis vecinos. Al día siguiente fuimos al centro a comprarla. Recuerdo que habían muchas bicicletas, de distintos precios, tamaños y colores.
Mi papá me dejó elegir la que yo quisiera. Después de unos minutos logre escoger la que más me había gustado. Mi papá pago, cargo la bicicleta y nos fuimos de ese lugar. Caminamos al estacionamiento donde mi papá había dejado el  carro. Abrió la cajuela y la metió.
Yo estaba ansioso por llegar a casa. Después de 40 minutos llegamos a nuestro destino. De inmediato bajamos la bicicleta de la cajuela. Mi papá le puso los pedales. Todo estaba listo. Solo que había un pequeño problema, no la sabía manejar. Yo pensaba que era lo mismo que un triciclo.
Después de dos raspones en la rodilla, uno en el brazo y otro en la mano estaba a punto de rendirme. Yo ya no quería la bicicleta, mi triciclo era lento pero él no me tiraba ni mucho menos me hacía raspones. Lo seguí intentando, hasta que perdí el control de la bicicleta me caí y me lastime el brazo. Fui al doctor y me lo tuvieron que enyesar, estuve un mes y medio sin poder moverlo. Sin triciclo y sin bicicleta.
No podía salir a jugar. Desde la ventana veía como mis vecinos competían, eso me ponía más triste. Después de que me quitaron el yeso pude volver a intentarlo, esta vez trataría de hacerlo con calma. Ya que era mejor tardarme un par de horas más a que me volviera a pasar lo mismo.
Cuando pude manejar la bicicleta sin ningún error, dábamos vueltas en caravanas de 18 o 20 bicicletas, paseábamos por toda la colonia y pasábamos por donde los perros te correteaban, se sentía una gran adrenalina porque pedaleabá a gran velocidad, pasábamos diario por donde estaban los perros y lo dejamos de hacer cuando un perro mordió la pierna de un niño.
Un día fui a jugar al parque en mi bicicleta. La descuide por un momento, me subí a los columpios y la bicicleta desapareció, me la habían robado. Fue una mala noticia, pero me quede con los buenos momentos que había vivido en ella.








domingo, 2 de junio de 2013

Mis Primeras Vacaciones a Acapulco


Mis Primeras Vacaciones a Acapulco
Hace trece años aproximadamente, mis papás decidieron que fuéramos a Acapulco, era la primera vez que visitaría este hermoso lugar. 
Mis papas habían planeado que nos fuéramos el viernes  después de que saliéramos de la escuela, mi hermano Aldo que cursaba el tercer grado de primaria y yo estábamos emocionados por esa nueva aventura que emprenderíamos, dieron las dos de la tarde y sonó la chicharra, era la hora de la salida, en ese momento agarre mi mochila, y salí corriendo, baje las escaleras y mis papás ya nos estaban esperando, pero mi hermano aun no salía, le di mi mochila a mi papá y fui por mi hermano a su salón, recuerdo que le grite hermano es hora ya vámonos que se nos hace tarde.
Después de unos cuantos minutos nos subimos al carro y nos fuimos de ese lugar, mi mama nos dijo: “traje a sus tortugas porque en la casa no habrá quien las cuide, ni quien les de comer” , esa noticia me puso aún más feliz. Después de cinco horas llegamos a nuestro destino.
Bajamos del carro y lo único que quería era nadar, pero debíamos esperarnos en la recepción del hotel para que nos asignaran una habitación. Después de diez minutos llegamos a la habitación, abrí mi maleta y saque mis sandalias, mi toalla y mi traje de baño. Mi hermano y mi papa hicieron lo mismo, cuando los tres estábamos listos bajamos a la alberca del hotel y comenzamos a nadar. 
Después de una hora subimos a la habitación, nos bañamos y decidimos que saldríamos a cenar. Salimos del hotel y caminamos hasta un restaurant que estaba a unos diez minutos caminando, regresamos al hotel y nos dormimos.
Al día siguiente mi papá dijo que el mar era el hábitat de las tortugas que ese era su lugar, que ahí ellas serian felices, con tristeza y alegría las agarramos y nos dirigimos a la playa, yo tome la mia y mi hermano tomo la suya, dijimos que a la cuenta de tres las soltaríamos mi papa empezó a contar cuando escuche el tres solté a mi tortuga y empezó a caminar hasta que una ola se la llevo, aprovechamos ese momento para ver la puesta de sol fue una experiencia tan bonita y algo que jamás olvidare